Discipulado Internacional
CRISTO NUESTRA VIDA. Don de Dios 2
CRISTO NUESTRA VIDA. Don de Dios 2

La vida de Dios no nos es dada por separado; la vida de Dios nos es dada en el Hijo. Es “vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 6:23). La relación que tenemos con el Hijo, es la misma que tenemos con la vida.

Bendita cosa es descubrir la diferencia entre los dones cristianos y Cristo: conocer la diferencia entre la mansedumbre y Cristo, entre la paciencia y Cristo, entre el amor y Cristo. Recordemos lo que se nos dice en 1 Corintios 1:30: “Cristo Jesús... nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención”. El concepto general de la santificación es que cada parte de la vida sea santa; pero esto no es santidad, sino el fruto de la santidad. La santidad es Cristo. Es el Señor Jesús que nos ha sido hecho santidad.

Se puede hacer lo mismo con cualquier otra cosa: amor, humildad, poder, dominio de sí mismo. Hoy nos hace falta paciencia. ¡Él es nuestra paciencia! Mañana quizás precisemos pureza. Por eso Pablo habla del “fruto del Espíritu” (Gá. 5: 22) y no de “frutos” como cosas separadas. Dios nos ha dado su Espíritu Santo, y cuando necesitamos amor, el fruto del Espíritu es amor, cuando necesitamos gozo, el fruto del Espíritu es gozo. Siempre es así. No importa cuál es nuestra deficiencia personal, o nuestras muchas deficiencias. Dios siempre tiene una respuesta suficiente: su Hijo Jesucristo, y Él es la respuesta para cada necesidad humana.

¿Cómo podemos experimentar más de Cristo en esta forma? Solamente por una mayor conciencia de nuestra necesidad. Algunos tienen temor de descubrir alguna deficiencia en sí mismos, y por lo tanto nunca crecen. Todos tenemos al mismo Cristo morando en nosotros, pero la revelación de alguna nueva necesidad nos llevará espontáneamente a confiar en Él, para que Él manifieste su vida en ese particular. Cada vez que dejamos de obrar, y confiamos en Cristo, se conquista una nueva porción de tierra. “Cristo mi vida”, es el secreto de la expansión. Confiar no es meramente un tema de conversación o un pensamiento que satisface. Es una realidad absoluta.


“Señor, yo no puedo, y por ello no trataré de hacerla. De aquí en adelante confío en que Tú lo harás”. Es decir, yo me niego a actuar, confío en que Él lo hará, y luego entro plena y gozosamente en lo que Él ha iniciado. Esto no es pasividad. Es una vida muy activa la que confía en el Señor de este modo, recibiendo vida de Él, tomándole a Él para que sea nuestra vida, permitiéndole a Él vivir su vida en nosotros.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, mas conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Ro. 8:1,2). Al principio esta declaración puede parecer fuera de su lugar. Aquí habla de no estar condenados a vivir una vida de derrota. ¿No es cierto que fuimos librados de la condenación por la Sangre por la cual encontramos paz con Dios y salvación del juicio? (Ro. 5:1,9). Cuando veo la Sangre sé que mis pecados son perdonados y que no hay más condenación ante Dios; pero a pesar de esto puedo todavía conocer la derrota. Pero si he aprendido vivir por Cristo como mi vida, entonces he aprendido el secreto de la victoria y ¡alabado sea Dios! “ahora, pues, ninguna condenación hay”. Con paz en mi corazón, no tengo tiempo para sentirme condenado, solamente para alabarle a Él quien me lleva adelante de victoria a victoria.

WN. Re - editao por CG.
Oro por usted. Usted también ore.
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